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Des­odo­ran­te natu­ral casero

Cathe­ri­ne Vall

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He aquí una rece­ta sen­ci­lla para un des­odo­ran­te case­ro a base de bicar­bo­na­to sódi­co. No es un anti­trans­pi­ran­te, pues no desea­mos obs­truir la sali­da de tóxi­cos de nues­tro cuer­po (apa­na), pero sí es muy efec­ti­vo para neu­tra­li­zar los malos olo­res que pue­dan pro­du­cir bac­te­rias y demás. Por eso sus tres ele­men­tos prin­ci­pa­les poseen un gran poder anti­bac­te­riano, micó­ti­co y micro­biano, y a la vez el acei­te de coco es el per­fec­to hidra­tan­te tan­to para muco­sas como para zonas sensibles.

Ingre­dien­tes:
  • Bicar­bo­na­to de sodio (se pue­de encon­trar fácil­men­te en cual­quier super­mer­ca­do o dro­gue­ría, ¡y es muy económico!)
  • Acei­te de Coco ( Bio y de pri­me­ra pre­sión en frío pre­fe­ri­ble­men­te), en tu tien­da Eco o her­bo­la­rio la encon­tra­rás sin problema.
  • Acei­te esen­cial de Árbol de Té y/o tu acei­te esen­cial favo­ri­to de lavan­da, rosas… (tam­bién en tien­das Bio).

Cómo hacer­lo

  1. Ver­ter en un tarro peque­ño (como el de algu­na cre­ma facial ya ter­mi­na­da, fácil de trans­por­tar) unos 3/4 de bicar­bo­na­to de sodio, aña­dir acei­te de coco has­ta for­mar una pas­ta al gus­to para exten­der sobre la axi­la (el acei­te de coco en verano es líqui­do a tem­pe­ra­tu­ra ambien­te, si no se pue­de calen­tar un poco al baño María, ¡evi­tar microondas!)
  2. Le pode­mos ir aña­dien­do bicar­bo­na­to y acei­te de coco has­ta que que­de una pas­ta cre­mo­sa, la con­sis­ten­cia varía un poco cuan­do lle­ga el verano pues el coco tien­de a hacer­se más líqui­do, el tru­co está en mez­clar­lo bien con el bicar­bo­na­to, por ello las medi­das no son tan impor­tan­tes para una alta efec­ti­vi­dad y cada uno encon­tra­rá la suya ideal.
  3. Lue­go le aña­di­mos unas goti­tas de acei­te esen­cial de Árbol de Té ( no muchas, ya que es muy poten­te) y si desea­mos cual­quier fra­gan­cia extra que nos gus­te le pode­mos aña­dir unas gotas tam­bién de nues­tro acei­te esen­cial favo­ri­to. como el de rosas, rome­ro, lavan­da, citronela…


Apli­ca­ción

Coger una peque­ña can­ti­dad con el dedo y untar sobre las axi­las una fina capa, no hace fal­ta mucha can­ti­dad pues es muy efec­ti­vo, no man­cha la ropa y lo pue­des usar como tu des­odo­ran­te nor­mal ¡y tan­tas veces como necesites!

El limón tam­bién es un poten­te des­odo­ri­zar­te y pue­de ser­vir­nos en cos­mé­ti­ca para múl­ti­ples usos. Algu­nos lo aña­den a esta mez­cla, natu­ral o en acei­te esen­cial, sin embar­go se han dado casos de algún tipo de reac­ción en esa zona, enne­gre­cien­do las axi­las (bien por reac­cio­nar con el bicar­bo­na­to, al tra­tar­se de una com­bi­na­ción áci­do-base, o bien por­que el limón sue­le dar man­chas en la piel por expo­si­ción al sol) man­chas que des­apa­re­cen rápi­da­men­te sin nin­gún otro efec­to secun­da­rio, por eso yo no lo reco­mien­do aña­dir a la mez­cla por si aca­so. El limón yo lo uso de gomi­na direc­ta­men­te sobre el cabe­llo ¡y va genial!

Otra opción es sus­ti­tuir el acei­te de coco por algu­na cre­ma hidra­tan­te, lo más natu­ral posi­ble, para hacer de agen­te uni­fi­ca­dor entre el bicar­bo­na­to y los acei­tes esen­cia­les. Las per­so­nas con piel muy sen­si­ble pue­den pro­bar a echar menos can­ti­dad de bicar­bo­na­to y un poco más de acei­te de coco o cre­ma hidra­tan­te. Al final cada uno encon­tra­rá su fór­mu­la ideal.

Deba­jo de nues­tras axi­las se haya gran par­te de nues­tro sis­te­ma lin­fá­ti­co, de vital impor­tan­cia para nues­tro sis­te­ma inmu­ne, así que es mara­vi­llo­so que poda­mos librar­lo de tóxi­cos y quí­mi­cos de los des­odo­ran­tes y anti-trans­pi­ran­tes comu­nes, que obs­tru­yen y evi­tan el buen fun­cio­na­mien­to de nues­tro genial organismo.
Hay un dicho: no pon­gas sobre tu piel nada que no pue­das comer. Con esto recor­da­mos que cada quí­mi­co que pone­mos sobre nues­tro mayor órgano que es la piel, el híga­do debe­rá de fil­trar esas sus­tan­cias… así que ábre­te a expe­ri­men­tar por ti mismo/a como buen yogui/ni ‚aho­ra que ya sabes que mimar tus axi­las ¡cues­ta bien poco!

Cathe­ri­ne Vall

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