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Mudrās: Añja­li Mudrā y Pra­nām Mudrā

Siri Tapa

blogsiri tapatradición del yoga

En la tra­di­ción del yoga, el cuer­po no es solo un vehícu­lo físi­co, sino tam­bién un canal de con­cien­cia y ener­gía. Den­tro de esta sabi­du­ría encon­tra­mos las mudrās, que lite­ral­men­te sig­ni­fi­can “sellos” o “ges­tos”.

Es impor­tan­te dis­tin­guir: en los tex­tos clá­si­cos del Hatha Yoga, el tér­mino mudrā sue­le refe­rir­se a téc­ni­cas pos­tu­ra­les y ener­gé­ti­cas que impli­can todo el cuer­po, la res­pi­ra­ción y la mira­da inter­na (mahā­mu­drā, khe­cha­rī mudrā, vaj­ro­lī mudrā…). En cam­bio, en la prác­ti­ca con­tem­po­rá­nea sole­mos lla­mar mudrās a los ges­tos de manos (has­ta-mudrās), más sen­ci­llos y acce­si­bles, que uti­li­zan los dedos y las pal­mas para diri­gir la ener­gía y enfo­car la mente.

Las has­­ta-mudrās cum­plen un papel fun­da­men­tal: actúan como un len­gua­je sutil entre nues­tro ser inte­rior y lo divino, faci­li­tan­do esta­dos de cal­ma, devo­ción y con­cen­tra­ción. Se usan tan­to en medi­ta­ción y reci­ta­ción de man­tras como en dan­za, ritua­les o en la prác­ti­ca de āsa­na. Sus bene­fi­cios inclu­yen la reduc­ción del estrés, la inte­gra­ción de los hemis­fe­rios cere­bra­les, la aper­tu­ra del cora­zón y la cone­xión con una acti­tud de humil­dad y gratitud.

El Nāra­da Bhak­ti Sūtra (72) dice:

“La ver­da­de­ra devo­ción se expre­sa en la reve­ren­cia y en el ges­to del cora­zón ofre­ci­do con las manos juntas.”

Den­tro de estos ges­tos, Añja­li Mudrā ocu­pa un lugar cen­tral. Tam­bién cono­ci­do como el ges­to de ora­ción o salu­do, es un sím­bo­lo uni­ver­sal de reco­gi­mien­to, res­pe­to y cone­xión. Al unir las pal­mas fren­te al cora­zón, evo­ca­mos la uni­dad de lo humano y lo divino, recor­dan­do que toda prác­ti­ca espi­ri­tual comien­za y ter­mi­na en la con­cien­cia del corazón.

En la antigüedad:

En los Vedas y los Purā­nas se des­cri­be el ges­to de jun­tar las pal­mas como sím­bo­lo de ora­ción (añja­li). Por ejem­plo, en tex­tos épi­cos como el Rāmā­ya­na y el Mahābhā­ra­ta se dice que los per­so­na­jes “hicie­ron añja­li con las manos” (kara-anja­­li), como mues­tra de res­pe­to. Y en tra­ta­dos devo­cio­na­les como el Bhā­ga­va­ta Purā­na tam­bién apa­re­ce añja­li como ges­to de devoción.

En los tex­tos de yoga, como el Hatha Yoga Pra­dī­pi­kā, no se men­cio­na “añja­li mudrā” como téc­ni­ca for­mal, por­que allí se cen­tra más en mudrās ener­gé­ti­cas (bandhas, khe­cha­rī, vaj­ro­lī, etc.).

Añja­li Mudrā y Pra­nām Mudrā: ¿dos nom­bres para lo mismo?

En algu­nos escue­las de yoga se usa Pra­nām Mudrā y en otros Añja­li Mudrā. En la India devo­cio­nal, y en lo coti­diano, pra­nām es el acto de jun­tar las pal­mas y ofre­cer un salu­do o reve­ren­cia, igual que lo que hoy lla­ma­mos añja­li mudrā. Su eti­mo­lo­gía nos cuen­ta que vie­ne de pra­nā­ma, que es reve­ren­cia, salu­do res­pe­tuo­so, pros­ter­na­ción. Por eso, en la prác­ti­ca moder­na pue­den con­si­de­rar­se sinó­ni­mos. Usar uno u otro es cues­tión nor­mal­men­te de lina­je, la tras­mi­sión nos crea la cos­tum­bre y la familiaridad.

Algu­nas tra­di­cio­nes mar­can una sutil dife­ren­cia: añja­li más vin­cu­la­do al ámbi­to ritual y devo­cio­nal (ora­ción, ofren­da) y pra­nām más social (salu­do, reve­ren­cia). Sin embar­go, tex­tos como el Mahābhā­ra­ta (Anuśā­sa­na Par­va 25.9) ya mues­tran a devo­tos “uni­dos en pra­nām con las pal­mas de las manos”.

En litur­gias vaish­na­vas y shai­vas tam­bién se emplea el tér­mino pra­nām como equi­va­len­te prác­ti­co de jun­tar las pal­mas. En con­clu­sión: ambos ges­tos son la mis­ma raíz expre­sa­da en con­tex­tos distintos.

Expe­rien­cia per­so­nal y transmisión

En mis cla­ses de Kun­da­li­nī Yoga sue­lo ense­ñar este ges­to como Añja­li Mudrā. Una de las razo­nes es mar­car una cla­ra dis­tin­ción con el “Kun­da­li­nī Yoga según Yogui Bha­jan”, que fue mi pri­mer acer­ca­mien­to, pero que más ade­lan­te pude com­ple­men­tar y ampliar con otras pers­pec­ti­vas. Tam­bién lo hago para gene­rar una mayor cla­ri­dad sono­ra —espe­cial­men­te útil para prin­ci­pian­tes—, ya que en nues­tras prác­ti­cas uti­li­za­mos tam­bién Pra­nām Mudrā: el ges­to que se for­ma al unir la pun­ta del pul­gar con las del anu­lar y meñi­que, mien­tras el índi­ce y el cora­zón per­ma­ne­cen extendidos.

Cuan­do estu­dié Kun­da­li­nī Yoga según Yogui Bha­jan, me ense­ña­ron este ges­to como Prā­nām Mudrā. Sin embar­go, al no ser el úni­co enfo­que de Kun­da­li­nī Yoga que he explo­ra­do, y tras encon­trar en ese lina­je cier­ta fal­ta de rigor, no con­si­de­ro nece­sa­rio man­te­ner toda su nomen­cla­tu­ra, que —aun­que en esta mudrā no sea el caso— resul­ta en muchas oca­sio­nes de difí­cil ras­treo o inclu­so de cla­ra invención.

Dicho esto, qui­zá te intere­se saber que en esa tra­di­ción casi todo se entre­la­za con el sikhis­mo. En el sikhis­mo —y tam­bién en el hin­duis­mo popu­lar— se habla sim­ple­men­te de hacer pra­nām, que sig­ni­fi­ca reve­ren­cia, salu­do o incli­na­ción, pero no se aña­de la pala­bra mudrā, ya que no se entien­de como una téc­ni­ca ener­gé­ti­ca, sino como un acto devocional.

Por ejem­plo, un sikh al entrar en el Gurd­wa­ra (tem­plo) pue­de decir matha tek­na (incli­na­ción com­ple­ta de la fren­te), kar­na pra­nām (hacer reve­ren­cia) o joriāñ jōri­nā (jun­tar las manos). En cam­bio, un yogui habla­ría de pra­nām mudrā o añja­li mudrā, por­que en el yoga se cla­si­fi­ca den­tro de los ges­tos de manos (has­­ta-mudrās).

Añja­li Mudrā – Ges­to de Oración

Cómo prac­ti­car­lo

Jun­ta las pal­mas de las manos delan­te del pecho, con los dedos uni­dos y sua­ve­men­te esti­ra­dos hacia arri­ba. El pun­to de apo­yo se encuen­tra en el ester­nón, ali­nea­do con el cen­tro del cora­zón. Es una pos­tu­ra sen­ci­lla, natu­ral­men­te esta­ble y rela­ja­da. Los hom­bros caen hacia aba­jo y se abren con sua­vi­dad, sin esfuer­zo. No debes hacer este ges­to con ten­sión: la pre­sión entre las pal­mas es la jus­ta y nece­sa­ria, ambas per­ma­ne­cen rela­ja­das en su mutuo sos­tén y apo­yo. Con este ges­to estás crean­do una ora­ción de amor con tu pro­pio cuerpo.

Apli­ca­cio­nes y āsa­nas para su uso

Como indi­ca su nom­bre, este ges­to da fuer­za y direc­ción a las ora­cio­nes que bro­tan del cora­zón. El cora­zón, sím­bo­lo de humil­dad, nos invi­ta a reco­ger­nos en nues­tro inte­rior y a crear un espa­cio de paz y armo­nía. Des­de ahí sur­gen natu­ral­men­te la cal­ma y el equi­li­brio, que nos per­mi­ten expre­sar­nos y rela­cio­nar­nos des­de la gra­ti­tud y el res­pe­to. Cuan­do lo prac­ti­cas, mani­fies­tas la ins­pi­ra­ción de tu cora­zón o tu aper­tu­ra a recibirla.

Por ello, en la India tam­bién se uti­li­za como salu­do de res­pe­to. Es una mudrā exce­len­te para expre­sar ben­di­ción —una ora­ción de amor hacia el otro— o devo­ción hacia un espa­cio, como tu sala de yoga. El lugar don­de se sitúa la mudrā es sig­ni­fi­ca­ti­vo: sobre la cabe­za para salu­dar o ren­dir­se a una dei­dad o poder supe­rior; delan­te del ros­tro para mos­trar entre­ga y res­pe­to hacia un maes­tro, maes­tra o anciano; y en el cen­tro del pecho como ges­to de res­pe­to general.

Se emplea al ini­ciar y con­cluir muchas prác­ti­cas espi­ri­tua­les. Pue­des ver­la en sūr­ya y chan­dra namas­kā­ra, en los círcu­los sufís, o inter­ca­la­da en vin­yā­sas y dan­zas yógui­cas. Tam­bién pue­de rea­li­zar­se en la espal­da, entre los omó­pla­tos, lo que abre y trans­for­ma la cin­tu­ra esca­pu­lar y la caja torá­ci­ca, por ejem­plo al prac­ti­car pārsh­vot­tā­nā­sa­na.

Efec­tos de Añja­li Mudrā

Al prac­ti­car­la emer­ge de inme­dia­to una sen­sa­ción de espa­cio y esta­bi­li­dad inte­rior. Redu­ce el estrés y ayu­da a diri­gir la men­te hacia adentro.

Hay algo pro­fun­da­men­te her­mo­so en este ges­to: nos conec­ta con el mere­ci­mien­to. No se tra­ta de orar para pedir algo externo, sino de invo­car des­de la esen­cia aque­llo que es bueno y hones­to para todos, nacien­do des­de la pure­za del corazón.

Es una mudrā de humil­dad y, por lo tan­to, de ver­da­de­ro poder inte­rior. El fuer­te no es quien domi­na, sino quien sabe reco­no­cer a los demás sin poner­se en duda a sí mis­mo; quien sabe reci­bir, dar, pedir ayu­da y con­fiar en el Universo.

Medi­tar con esta mudrā trae sosie­go a la men­te y per­mi­te cla­ri­fi­car las ideas, ofre­cien­do segu­ri­dad ante las deci­sio­nes. En el plano físi­co, acti­va la coope­ra­ción armo­nio­sa de ambos hemis­fe­rios cere­bra­les, fomen­tan­do su tra­ba­jo en equi­po para el bien­es­tar de uno mismo.

Al jun­tar las manos y los dedos esta­mos “unien­do”, y en esa unión se neu­tra­li­zan las pola­ri­da­des: el lado racio­nal dere­cho y el intui­ti­vo izquier­do. La cla­ve es la unión, que sim­bo­li­za la uni­dad con uno mis­mo, con los demás, con el Uni­ver­so y con la Divi­ni­dad. Des­de este espa­cio sagra­do inte­rior, nues­tro poten­cial sana­dor se amplifica.

Este ges­to se enraí­za en el cuar­to cha­kra, lla­man­do a la neu­tra­li­dad y des­per­tan­do el núcleo de nues­tra direc­ción vital. El ester­nón recuer­da su pro­pia fun­ción de unir, cen­trar, des­per­tar la volun­tad y pro­te­ger, en ese camino de ver­ti­ca­li­dad don­de con­ver­gen los mun­dos celes­tial y terrenal.

Añja­li Mudrā no solo conec­ta con el cora­zón, sino tam­bién con el canal cen­tral, sushum­nā-nādī, y con la reve­ren­cia hacia la vida que cir­cu­la en el prā­na.

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