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Prem­ka. Mi vida con Yogi Bhajan

Prem­ka Kaur

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Recien­te­men­te se ha publi­ca­do el libro de memo­rias: Prem­ka. Whi­te Bird in a Gol­den Cage. My life with Yogi Bha­jan (Prem­ka: Un pája­ro blan­co en una jau­la dora­da. Mi vida con Yogi Bha­jan), y lo hemos leí­do con apre­mio y recogimiento.

Con la pacien­cia pro­pia de quien per­se­ve­ra diez años en su ela­bo­ra­ción, la auto­ra, Pame­la Saha­rah Dyson, nos va pro­por­cio­nan­do, como si qui­sie­ra que los afian­zá­se­mos en un bas­ti­dor, un sur­ti­do de recuer­dos, emo­cio­nes, diá­lo­gos, vici­si­tu­des e intros­pec­cio­nes, para que tren­ce­mos un reve­la­dor y lla­ma­ti­vo tapiz final. Ese tapiz con­den­sa el tra­mo de vida que dis­cu­rrió al lado de Yogi Bha­jan, des­de 1969 has­ta 1985, die­ci­séis años en los que dejó de ser Pame­la para ser Prem­ka, Secre­ta­ria Gene­ral de 3HO. El pro­pio Yogi fue quien le dio el nom­bre, cuyo su sig­ni­fi­ca­do lite­ral, iró­ni­ca­men­te, es «ama­da del Gurú». 

Prem­ka estu­vo des­de el prin­ci­pio de todo, cuan­do Yogi Bha­jan, como otros pro­fe­so­res de yoga emi­gra­dos de la India, impar­tía sus cla­ses y ense­ñan­zas en los Esta­dos Uni­dos. La auto­ra rela­ta la pri­me­ra sesión con el Yogi, cuan­do éste se ausen­tó de la sala deján­do­la duran­te más de cua­ren­ta minu­tos pos­tra­da en una pose simi­lar a balāsana o pos­tu­ra del niño.…

Por fin, oí abrir­se la puer­ta. Afor­tu­na­da­men­te era él, por­que dijo: «Muy bien, Pame­la. Esta pos­tu­ra sim­ple­men­te cal­ma la men­te. Lo has hecho muy bien. Aho­ra sólo acués­ta­te sobre tu espal­da y relá­ja­te por com­ple­to». Se había sen­ta­do a mi lado, en el sue­lo, con las pier­nas cru­za­das, y fue un increí­ble ali­vio vol­ver a mover las rodi­llas, esti­rar las pier­nas y recostarme.

Ay, pero rela­jar­me hubie­ra sido más fácil… ¡si no hubie­ra pues­to su mano izquier­da sobre mi seno derecho!

Lo real­men­te extra­ño de su mano sobre mi pecho, apar­te del hecho de que esta­ba allí, era que pare­cía ser algo clí­ni­co. No me esta­ba aca­ri­cian­do, sim­ple­men­te esta­ba allí. Inten­té man­te­ner la esta­bi­li­dad y la cal­ma, refre­nan­do el pron­to de insul­tar­lo y acu­sar­lo. No que­ría hacer­lo antes de saber sus inten­cio­nes. Me las arre­glé para echar un vis­ta­zo rápi­do y vi que ni siquie­ra me esta­ba miran­do. Su mano esta­ba jus­to allí, en mi seno dere­cho, mien­tras per­ma­ne­cía sen­ta­do muy ergui­do, sus ojos miran­do fija­men­te al espa­cio, su otra mano en la par­te infe­rior de mi abdo­men. Pare­cía estar medi­tan­do, vis­lum­bran­do pro­fun­da­men­te algo sobre mí. Una vez más, no sabía qué hacer con eso. Debía tra­tar­se de otra prue­ba. Había leí­do muchas his­to­rias sobre las prue­bas de fe, prue­bas de devo­ción que los gurús uti­li­zan para con­tras­tar la entre­ga de sus alum­nos. Real­men­te esta­ba hacien­do un gran esfuer­zo para seguir los ejem­plos plas­ma­dos en los libros que había leído.

Al cabo, reti­ró las manos y pare­ció cam­biar ins­tan­tá­nea­men­te de un esta­do de tran­ce a la con­cien­cia ordi­na­ria, cuan­do anun­ció: «Esta­mos com­ple­tos. Mejor si vie­nes al menos dos veces por semana».

Tal es la téc­ni­ca narra­ti­va que ha esco­gi­do Pame­la para su libro. Los hechos más impac­tan­tes —los dos abor­tos, las mani­pu­la­cio­nes, los enga­ños o el cons­tan­te adul­te­rio con sus «secre­ta­rias»— van incor­po­rán­do­se de un modo natu­ral, sin sobre­sal­tos, sin crí­ti­cas, entre­te­ji­dos con los luga­res, los ges­tos, las ves­ti­men­tas, los anhe­los per­so­na­les, los mie­dos. Por­que el obje­ti­vo de Pame­la es Prem­ka, no Yogi Bha­jan. No es la recla­ma­ción de jus­ti­cia, ni el des­cré­di­to del Yogi. De ese modo segui­ría sien­do éste, una vez más, el cen­tro sobre el que orbi­ta todo. Esta vez se tra­ta de la vida. Pode­mos sen­tir cómo rebu­lle en cada pági­na, acom­pa­ñan­do a la voz que habla y recuer­da, un deseo irre­fre­na­ble de res­ca­te, de libe­ra­ción. El pro­pó­si­to de Pame­la es libe­rar­se de una iden­ti­dad crea­da y con­ce­bi­da para con­du­cir­se con la per­fecc­ción que sólo los entes idea­les pue­den lle­gar a tener. Esa iden­ti­dad res­pon­día al para­dig­ma de mujer que Yogi Bha­jan exi­gía y que él mis­mo defi­nió como «gra­ce­ful woman», una mujer capaz de sos­te­ner con efi­ca­cia y ele­gan­cia los pila­res de una estruc­tu­ra defi­ni­da por la auto­ri­dad masculina.

Así, vamos aden­trán­do­nos en la viven­cia de alguien que podría ser cual­quie­ra de noso­tros. Y en ese deve­nir, en sus espe­ran­zas y con­tra­dic­cio­nes, es don­de nos encon­tra­mos y abra­za­mos. Nos sir­ve un tra­mo de vida ajeno para reco­no­cer­nos y trans­for­mar­lo en pro­pio. Nos sir­ve tener en cuen­ta la memo­ria para no ente­rrar la vida vivi­da, por más que ésta no haya resul­ta­do lo que cada cual espe­ra­ba. Lo que se ha vivi­do sigue vivien­do de un modo u otro, se le arrin­co­ne en algu­na par­te oscu­ra de noso­tros o se le per­mi­ta ger­mi­nar como una simien­te. Y nos sir­ve cuan­do nos dan una prue­ba, un ejem­plo de lo que hacer con ello. Cuan­do, evi­tan­do toda ven­gan­za y sufri­mien­to, inú­ti­les por natu­ra­le­za, se per­mi­te al resen­ti­mien­to y a la agi­ta­ción disol­ver­se en el amor y la tran­qui­li­dad, en el silen­cio interior.

Reci­bi­mos su his­to­ria con her­man­dad y la cree­mos. Nos her­ma­na­mos con todas las víc­ti­mas de cual­quier tipo de abu­so, las que tie­nen voz y visión y las que sufren por no poder com­pren­der lo que está suce­dien­do en está épo­ca de reve­la­ción y rup­tu­ra de creen­cias. Es evi­den­te que todas las escue­las de yoga sen­ti­mos una tris­te­za enor­me cuan­do alguien que ha sido con­si­de­ra­do por sus dis­cí­pu­los «un maes­tro», es acu­sa­do de abu­sos de poder o cual­quier otra nece­dad. En los últi­mos años ya son varios supues­tos maes­tros into­ca­bles los que han caí­do. Lo sen­ti­mos, lo sen­ti­mos mucho, nos due­le el cora­zón por el mal uso de tan­ta con­fian­za depo­si­ta­da. Y sin embar­go, tam­bién flo­re­ce la ale­gría de esa cier­ta libe­ra­ción, ya somos yoguis y yogui­nis madu­ros para afron­tar esto, los yogas están demos­tran­do ser valio­sos y fuer­tes por sí mimos, las comu­ni­da­des yógui­cas ate­so­ran la prac­ti­ca des­de su pro­pia virtud. 

Que el amor sea aho­ra for­ta­le­za para sos­te­ner la verdad.
Que la maes­tría inte­rior que todos y todas com­par­ti­mos se reve­le sin miedo.
Que lo bueno per­du­re para siem­pre, que lo malo sea devo­ra­do en el fue­go de lo sagrado.

Javi y Ali­cia (Siri Tapa)

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P.D. ¿Quién es Premka?

En lugar de adjun­tar una nota bio­grá­fi­ca al uso, opta­mos por trans­cri­bir una decla­ra­ción per­so­nal de un ex-minis­tro de 3HO, Guru Bir Singh Khal­sa, que res­pon­día con estas pala­bras al ser pre­gun­ta­do por ella.

Prem­ka es una mujer mara­vi­llo­sa y fue una de las secre­ta­rias más cer­ca­nas de Yogi Bha­jan. No la recuer­do son­rien­do. No éra­mos cons­cien­tes de la pesa­di­lla que ella esta­ba vivien­do. Fue la mujer más impor­tan­te del movi­mien­to sikh esta­dou­ni­den­se de Yogi Bha­jan. Ella era su mayor orgu­llo y alegría.

Prem­ka se invo­lu­cró con Yogi Bha­jan en 1969, y des­de 1976 has­ta 1985 ocu­pó el car­go de Secre­ta­ria Gene­ral (equi­va­len­te al de Pre­si­den­ta) de Sikh Dhar­ma. De 1974 a 1984, Prem­ka fue Vice­pre­si­den­ta, Direc­to­ra Admi­nis­tra­ti­va y miem­bro de la Jun­ta Direc­ti­va de 3HO.

Duran­te los años en que Prem­ka par­ti­ci­pó acti­va­men­te en la reli­gión sikh, reali­zó una gira por todo el mun­do, a menu­do, pero no siem­pre, en com­pa­ñía de Yogi Bha­jan. En sus giras, se reu­nió con Su San­ti­dad el Papa Juan Pablo II, en 1983, 1984 y con Su San­ti­dad el Papa Pablo VI en 1972, así como con dig­na­ta­rios de la India, Ingla­te­rra, Méxi­co, Euro­pa y Lejano Orien­te, sólo por men­cio­nar algunos.

Recien­te­men­te, un vie­jo ex-miem­bro de la comu­ni­dad pasó por nues­tra casa una noche. Fue bueno ver­le de nue­vo. Nues­tros recuer­dos se remon­tan cator­ce años atrás, a nues­tro perío­do jun­tos en los pri­me­ros años de 3HO, en Hawai. Estu­vi­mos recor­dan­do Hawai y Los Ánge­les, los bue­nos vie­jos tiem­pos. Le con­té lo de mi caso y de cómo había­mos ter­mi­na­do aban­do­nan­do la comunidad.

Y enton­ces se echó a llo­rar. Sí, se ale­gra­ba de ver­nos, pero sobre todo era por­que lle­va­ba una gran car­ga en su cora­zón. Nos dijo por qué dejó la comu­ni­dad. Él cono­cía per­so­nal­men­te a las muje­res que fue­ron abu­sa­das, some­ti­das al capri­cho de Yogi Bha­jan y opri­mi­das bajo su obse­sión sexual. No podía sopor­tar­lo, y le horro­ri­za­ba que este hom­bre que afir­ma­ba ser su maes­tro espi­ri­tual, eli­gie­se com­por­tar­se de esta manera.

En 1988, Prem­ka lle­vó a los tri­bu­na­les a Yogi Bha­jan, pre­sen­tan­do una lis­ta de frau­des y otras acu­sa­cio­nes con­tra el Yogi. Aun­que aque­lla fue­ra una vía toma­da en unos momen­tos de gran agi­ta­ción y dolor, Prem­ka nun­ca ha des­men­ti­do la vera­ci­dad de estas denun­cias. Antes de morir Yogi Bha­jan, Prem­ka soli­ci­tó un últi­mo encuen­tro de recon­ci­lia­ción con su anti­guo maes­tro espiritual. 

En sus recien­tes memo­rias, al final del apar­ta­do bio­grá­fi­co, se dice que Pame­la vive actual­men­te en el cen­tro de Maui, Hawai. Que ella y su pare­ja crían galli­nas y abe­jas, además de peces de agua dul­ce y ver­du­ras en un inver­na­de­ro de acua­cul­tu­ra. Y que uti­li­zan­do agua de llu­via y elec­tri­ci­dad solar, se esfuer­zan por vivir en mayor armonía con la her­mo­sa natu­ra­le­za que los rodea.

 

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